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Esta es una frase que aparece
constante en las noticias. Si bien es preocupante por el gran impacto en la
vida de los seres humanos, al revisar la historia de la ciencia, comprobamos
que, muchas veces, cuando aparecía una nueva tecnología, los creadores casi no
sabían nada de los procesos químicos, físicos o biológicos; sin embargo, fueron
usados de manera casi inmediata.
Si retrocedemos en el tiempo, en
1698 el inglés Thomas Savery patentó una máquina de vapor diseñada
para extraer agua de las minas, siendo la primera máquina usada con fines
prácticos (antes eran artilugios recreativos). Luego, en 1712, Thomas Newcomen creó
una máquina llamada "atmosférica" que era mucho más potente y fiable
que la de Savery, la cual fue un gran éxito comercial y se convirtió en la
primera máquina de vapor ampliamente utilizada para el bombeo en las minas de
carbón. Lo más interesante e impactante ocurrió entre 1769 y 1775 cuando el
ingeniero James Watt introdujo mejoras radicales a la máquina de
vapor, lo que aumentó enormemente la eficiencia y ahorraba combustible. Su
máquina transformó la industria al poder adaptarse para mover todo tipo de
maquinaria e impuso grandemente la primera revolución industrial, pero nadie
sabía en esa época la razón científica ni los principios teóricos de su funcionamiento.
Ahora bien, los principios
teóricos del funcionamiento de una máquina de vapor comenzaron a conocerse
después. En 1781 se desarrollaron los conceptos de capacidad
calórica y calor latente por J. Black. En 1783, Lavosier propuso
la teoría calórica. En 1798, B. Thompson estudió la conversión del trabajo
mecánico en calor. Años después, Sadi Carnot, el padre de la
termodinámica, publicó en 1824 Reflexiones sobre la energía motriz del
fuego, un discurso sobre la eficiencia térmica, la energía, la energía
motriz y el motor. Esto fue un hito importante en la ciencia debido a que marcó
el inicio de la termodinámica como ciencia moderna.
A finales del siglo XIX, unos
científicos curiosos hicieron experimentos con ciertos elementos de la tabla
periódica. Nadie sabía la estructura atómica, ni mucho menos las reacciones
nucleares, ni tampoco se tenían nociones del peligro de la radiactividad. En
1897, Marie Curie, recién había logrado su pregrado y se encontraba en busca de
un tema para su doctorado. En esa época, los rayos X descubiertos por Röntgen
ya no eran una novedad. Una investigación fascinante por esa época fue que la
pechblenda, un mineral del que se extraía el uranio, era mucho más
radiactiva que el uranio puro. Por ellos, Marie encontró ese tema de
investigación doctoral que era fascinante y novedoso: el fenómeno de los
"rayos uránicos". A pesar de que recién se estaban estudiando los
principios de la radiactividad, comenzaron a realizarse una serie de
aplicaciones, sin conocerse los riesgos que luego trágicamente ocurrirían. Sin
embargo, algunos elementos químicos y sus compuestos que emitían radiactividad
se aplicaron en medicina para tratamientos de tumores, en productos de consumo
como cosméticos, pastas dentales, chocolates y tónicos medicinales, en las
pinturas luminosas de los relojes luminiscentes, etc.
Otro ejemplo muy gráfico son los
rayos X que se usan en medicina desde finales de 1896, poco después
de que Wilhelm Conrad Röntgen descubriera esta radiación el 8 de noviembre de
1895 en Alemania. La primera radiografía médica, que mostró la mano de su
esposa, se realizó poco después, y desde 1896 ya se implementaban
aplicaciones clínicas, Los dispositivos de rayos X eran muy simples, los tubos
de rayos X se montaban sobre un soporte y los pacientes permanecían
de pie o sentados en sillas o en mesas comunes, sosteniendo las placas de foto
contra su propio cuerpo, mientras el médico, tan solo “protegido” por su bata
blanca, tomaba la placa. Después de la Primera Guerra Mundial se difundió mucho
más su uso en todo el mundo.También a esa fecha nadie sabía qué
eran realmente los rayos X, ni cuáles eran los riesgos.
Como se ha visto en estos pocos
ejemplos (el lector de este blog puede buscar mayor información en libros de
historia de la ciencia), durante la historia de la humanidad, muchos
descubrimientos tuvieron aplicación práctica inmediata sin que sus descubridores
sepan cómo o el porqué de su funcionamiento. El más viejo es el fuego; nadie
sabía los procesos fisicoquímicos ni los conceptos básicos como calor,
oxidante, comburente, pirólisis, transferencia de calor, etc.; sin embargo, fue
utilizado para protegerse contra el frío, iluminarse, cocinar alimentos,
obtener metales y aleaciones, preparar herramientas, entre otros.
La superinteligencia artificial
(ASI) es un concepto hipotético que describe una IA que supera exponencialmente
la capacidad intelectual, creatividad, razonamiento y habilidades sociales del
ser humano más brillante en todas las áreas. A diferencia de la IA actual, la
ASI podría automejorarse, resolver problemas complejos instantáneamente y tomar
decisiones autónomas superiores.
En el caso de nuestro tema, los
peligros de la IA y de la super IA son hasta ahora desconocidos o a lo sumo
nebulosos. Uno de ellos es que el ser humano perdería el control en varios
aspectos vitales como la producción industrial, diagnóstico y tratamiento de
enfermedades, aplicación de la justicia y políticas de estado, decisiones
económicas y financieras, uso de recursos naturales y energéticos,
involucramiento en los medios de comunicación masivos, uso de armas letales en
conflictos y guerras, etc.
La primera
revolución industrial ocurrió entre 1760-1850; llevó a la aparición de la
fábrica (cambio radical en el aspecto laboral), ello indujo la migración del campo a la
ciudad, una mayor influencia de la burguesía, diversos cambios sociales, etc. La Segunda
Revolución Industrial, entre 1850-1914, supuso el desarrollo de grandes inventos
en materia de transporte (motores a combustión, vehículos y aviones) y
telecomunicaciones (telégrafo, teléfono, radio). Tuvo un mayor impacto que la
Primera Revolución Industrial y cambió para siempre los regímenes de trabajo,
el sistema educativo y la sociedad.
Se dice que la tercera revolución
industrial ha ocurrido desde mediados del siglo XX debido a los avances en
electrónica, computadoras, Internet y la automatización. Ahora podríamos estar
en la cuarta revolución industrial, causada por la inteligencia artificial, el
big data, la robótica avanzada, la biotecnología y el Internet de las cosas,
pero básicamente por la super IA que dará un gran impulso.
Imagine una persona que vivía en el siglo V antes de Cristo y reviviera en el año 1,000 D.C.; la sociedad, el transporte, la forma de trabajo, de transporte, de vida en general casi no habría cambiado. Ahora piense en una persona que nació en 1850 y muere en 1950. Durante ese periodo, su forma de vida habría cambiado mucho: si antes se transportaba en caballo, ahora lo hace en un vehículo; si antes debía comer comida casera, ahora podría comprar comida hecha; si antes sufría una herida leve o una infección, tenía grandes probabilidades de morir; ahora ya no, existe una serie de medicinas y centros de salud.
Puede cavilar qué cambios
podría tener en su vida una persona nacida en 1950: a la actualidad, pasó de la
radio a la TV, al cable y al Internet; de los trenes a carbón a los trenes de
alta velocidad; donde antes solo podía tener acceso a rayos X, ahora tiene un
arsenal de diagnósticos como ecografías y resonancia; pasará de usar el
telégrafo al celular, del papel al documento virtual. En tan solo una vida ocurrieron nuevas innovaciones que implicaron cambios en su vida. Muchas veces podemos interaccionar con esas personas y podemos comprobar que casi no saben utilizar las redes sociales, el celular, hacer compras o pagos por Internet o usar diversos softwares. Como podrá apreciar, cada
vez hay más inventos —en más corto tiempo— y las personas difícilmente se adaptan a ellos. Todos estos cambios, por la superinteligencia artificial,
podrían ocurrir en tiempos cada vez menores que no darían respiro a
cualquier ser humano y muchas personas no podrían adaptarse.
Como reflexión final, puedo
indicar que existen varios riesgos asociados a la superinteligencia artificial
a los que los seres humanos no se podrían adaptar, no solo en periodos de
tiempo cada vez menores, sino por las mejoras, innovaciones y los cambios
implícitos sucesivos e interminables que la superinteligencia artificial es
capaz de generar. Las transformaciones en la organización social, el trabajo,
el ocio, la economía, los medios de comunicación, el transporte, la salud, etc.
deben ir acordes a los tiempos y requerimientos humanos y no a los de la IA;
además, el ser humano es quien debe regular y estar en control de las nuevas
tecnologías.



