Primero veamos cómo se origina el bono a los docentes investigadores universitarios de las universidades públicas peruanas. El artículo 86 de la Ley Universitaria Nº 30220 indica que el docente investigador es aquel que se dedica a la generación de conocimiento e innovación a través de la investigación, y es designado en razón de su excelencia académica, siendo su carga lectiva de un (1) curso por año, tiene una bonificación especial del cincuenta por ciento (50%) de sus haberes totales, y se sujeta al régimen especial que la universidad determine en cada caso.
En cumplimiento de lo anterior, en algún numeral de la Ley de Presupuesto del Sector Público para
cada año fiscal, se autoriza al
Ministerio de Educación —con cargo a los recursos
de su presupuesto institucional y sin demandar recursos adicionales al Tesoro
Público— para efectuar modificaciones presupuestarias a favor de las universidades públicas por una suma de dinero determinada por el
Ministerio de Educación para la
implementación progresiva de lo dispuesto en el artículo 86 de la Ley Nº 30220, que beneficia económicamente a los docentes investigadores de las universidades públicas. Tras lo cual se publica la norma correspondiente, normalmente
a inicios de marzo, mediante decreto supremo refrendado por el Ministro de
Economía y Finanzas y por el Ministro de Educación, a propuesta de este último.
Los organismos del Ministerio de
Educación (MINEDU) involucrados en informar y proponer los montos, criterios y condiciones son la Dirección General de Educación Superior
Universitaria y la Unidad de Planificación y
Presupuesto de la Oficina de Planificación Estratégica y Presupuesto de la
Secretaría de Planificación Estratégica.
Esta bonificación se paga
íntegramente con recursos ordinarios (impuestos) del Tesoro Público peruano. El
Estado tiene la potestad de aumentar, reducir o condicionar este monto cada año
a través de la Ley de Presupuesto.
Un aspecto a considerar es que la bonificación ayuda al Perú a cumplir con metas o
recomendaciones de organismos internacionales como:
- OCDE:
El Perú aspira a ingresar a este organismo, el cual recomienda elevar el
gasto en I+D (Investigación y Desarrollo).
- UNESCO:
Este organismo sugiere que los países en desarrollo fortalezcan la carrera
del investigador para evitar la "fuga de cerebros".
- ODS
(Objetivos de Desarrollo Sostenible): Específicamente, el Objetivo 9, que
busca aumentar la investigación científica y mejorar la capacidad
tecnológica de los sectores industriales.
Como se puede apreciar, del año 2021 al 2022 ocurrió una drástica disminución del monto asignado al bono del docente universitario peruano, de 144 millones a cerca de 43 millones; luego, el 2023 bajó aún más, igual el 2024, pero el 2025 aumentó y ahora este año (2026) bajó sorprendentemente a su nivel más bajo (incluso ha disminuido el número de meses de abono de las bonificaciones), a pesar de que el presupuesto público peruano aumentó un 2,3 %. Los gobiernos regionales incrementaron su presupuesto un 9.2% y las municipalidades un 7.6%, comparados con el 2025.
Es sorprendente que, en vez de
incrementar el presupuesto, este disminuya y, por consiguiente, el número de
beneficiarios, mientras que nuestro Congreso —desde donde se emanan muchas leyes que no benefician a la población— ha incrementado
su presupuesto un 39 % con respecto al del 2025. En solo 5 años, el Congreso
prácticamente ha triplicado su costo, pasando de S/ 588 millones en 2021 a S/
1,768 millones.
El amable lector se dará cuenta de que tanto a los legisladores como al poder ejecutivo la ciencia, en su conjunto, no
les interesa, ni menos apoyar e incentivar a los investigadores peruanos, lo cual
no es novedad.
Los políticos actuales que nos
gobiernan son obviamente producto de quién elija el ciudadano peruano en cada
elección y de cuál es la "parrilla electoral" que nos ofrecen los partidos
políticos. En esta elección será muy importante elegir a senadores de prestigio y, sobre todo, decentes, debido a que ellos tendrán un excesivo poder en desmedro del legislativo y ejecutivo, lo cual no debería ocurrir en una democracia.
Los viejos docentes universitarios peruanos estamos acostumbrados a realizar investigación, con bono o sin bono, con poco financiamiento en nuestros proyectos. Recuerdo los años 90 cuando solo había curiosidad y voluntad y muy poco dinero. Claro, pero esto ralentiza mucho las investigaciones. Como siempre en el Perú, regresaremos a esos tiempos.
A mí me preocupan los jóvenes
investigadores que, al iniciarse, estaban subiendo de nivel Renacyt 6
al 5, luego al 4, que les ha tomado años, y ahora que esperaban el bono, pues
la noticia al empezar el año es que no son beneficiados. Algunos del nivel 4 tendrán compromisos económicos
que cumplir, pero con este recorte en sus ingresos estarán en serios aprietos.
El llamado financiamiento de la
implementación progresiva de la bonificación especial para el docente
investigador de las universidades públicas en realidad es una implementación regresiva. Causa desazón y desalienta a los jóvenes
investigadores que ven cada vez más lejos algún incremento a sus ingresos
económicos. Por otro lado, es necesario incidir en un incremento salarial, lo cual sí garantiza una remuneración más justa a los docentes investigadores. Mientras no elijamos a personas decentes, competentes y con una
visión de futuro como país, donde la ciencia, ingeniería, artes, humanidades y
letras sean esenciales para tener unos ciudadanos cultos, estaremos siempre así,
en situación regresiva, y ni hablar de ingresar a la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

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